En antropología suelen considerarse, como los grandes saltos evolutivos de la especie humana, el desarrollo de la capacidad de caminar erguidos y la utilización del dedo pulgar como pinza. Sin embargo, se ha demostrado que existe otro hecho que ha marcado la evolución del ser humano hasta el punto de permitirle acceder a la cúspide del desarrollo intelectual y de la cadena alimentaria: la introducción de la carne en su dieta.
Según recuerdan desde la plataforma Carne y Salud, fue el Homo erectus el primer homínido que empezó a consumir carne, hace 2,6 millones de años. Las recurrentes sequías y la consecuente falta de alimentos de origen vegetal empujaron a nuestros antepasados a buscar alternativas de origen animal para compensar su dieta, aprovechando también la mejora en las armas de caza y su pericia en este campo.
Fue así como la carne se convirtió en un pilar fundamental de la dieta del ser humano. Incluso, añaden en Carne y Salud, hace 10.000 años este alimento suponía casi el cien por cien de la ingesta diaria debido al descenso del consumo de alimentos vegetales.
Las calorías que proporcionaba la carne imprimieron más potencia y capacidad al cerebro del ser humano, lo que favoreció su desarrollo intelectual.
El paso de los alimentos vegetales a la carne
El ser humano redujo su ingesta de alimentos de origen vegetal debido al bajo valor nutritivo de productos como hojas, raíces y tallos, que poseían un alto contenido en fibra no asimilable, como la celulosa, y por esa razón eran poco aptos para el consumo.
Tampoco las legumbres, a pesar de su mayor contenido en proteínas que los cereales, satisfacían plenamente las necesidades de nuestros antepasados, ya que carecían de aminoácidos esenciales, vitaminas como la B12 o el hierro, nutrientes que sí se encuentran en productos de origen animal.
Antes del descubrimiento del fuego, la carne era consumida cruda y molida gracias a rudimentarias herramientas. A partir de la llegada de la posibilidad de cocinar, los homínidos experimentaron cambios en sus cuerpos, que se expandieron y estilizaron, y en su cerebro, que aumentó su tamaño. A partir de ahí se irían modificando la mandíbula, las encías y los dientes.
En definitiva, lo que somos hoy se lo debemos, en gran parte, a la carne.
La Organización Interprofesional de la Carne de Vacuno (PROVACUNO) ha presentado su Directorio Tecnológico, edición 2026, una recopilación de tecnologías ya comercializadas y aplicables a la producción de vacuno de carne, tanto en sistemas extensivos como en cebo. La iniciativa nace con un objetivo claro: visibilizar soluciones digitales que existen y funcionan, pero que en muchos casos no acaban de llegar al día a día de las granjas, y facilitar así el paso hacia una ganadería más eficiente, trazable y sostenible.
Disponible en la web de PROVACUNO, el directorio organiza las herramientas según el sistema de producción al que se dirigen —extensivo o cebo— y según la necesidad que resuelven: localización, salud animal, trazabilidad, identificación, pesaje o sostenibilidad. Esta clasificación permite a cualquier ganadero, técnico o cooperativa encontrar de forma rápida las soluciones que mejor encajan con su instalación, sin necesidad de conocimientos técnicos previos.
La Organización Interprofesional de la Carne de Vacuno de España, Provacuno, acude un año más a Salamaq, la feria del sector agropecuario y gran punto de encuentro de la ganadería de toda España, que se celebra en el Recinto Ferial de Salamanca del 3 al 7 de septiembre y espera congregar a más 500 expositores y cerca de 100.000 visitantes.
Este año, Provacuno aprovecha su presencia en la feria para ofrecer información sobre la campaña “Por una Europa sostenible, la misión especial del vacuno”, cofinanciada por la Unión Europea y liderada junto a Apaq-W (Bélgica), y dentro de la que se enmarca el lanzamiento de la web app Huella Vacuno Sostenible. Se trata de una nueva aplicación digital destinada al cálculo de la huella de carbono del sector vacuno de carne y que permite cuantificar de forma rigurosa las emisiones de gases de efecto invernadero, como dióxido de carbono, metano y óxido nitroso, a lo largo de toda la cadena de valor, tanto en la fase ganadera como en la industrial.